En septiembre del año
pasado viajamos por primera vez a Marruecos. Entonces nos decidimos por
Marrakech, Essouira y el valle de Ourika en el Alto Atlas. Quedamos fascinados
por su nítida luz, sus colores y sus olores, los paisajes… Nos hicimos el
propósito de regresar en un futuro no muy lejano y la semana pasada nos
escapamos 5 días que nos dieron la oportunidad de visitar Fez, Meknés, Moulay
Idriss y las ruinas romanas de Volubilis.
La ciudad
de Fez fue
fundada por Idris II en el siglo IX y en ella se encuentra la Medina más
antigua de Marruecos y una de las más grandes de todo el Magreb, declarada Patrimonio
de la Humanidad por la Unesco en 1981. La palabra medina
significa “ciudad" pero habitualmente se usa para designar el casco viejo
de las ciudades árabes.
Fez es una de las
cuatro ciudades llamadas imperiales junto a Marrakech, Meknés y Rabat y se
considera como el centro religioso y cultural del país. Su prestigiosa
Universidad es un centro de referencia para el estudio del árabe y la religión
musulmana. Los guías de Fez aseguran que se trata de la Universidad más antigua
del mundo pero esta afirmación la he escuchado también referida a otras
Universidades del Planeta. Parece que todos quieren el privilegio de haber sido
los primeros. La ciudad se divide en tres zonas, Fez
el Bali, la zona antigua, dentro de las murallas, Fez-Jdid,
la zona nueva, donde se encuentra la Mellah, el barrio judío, y la Ville
Nouvelle (Ciudad
Nueva), en el noroeste de la ciudad, fundada por los franceses en 1920.
Sin duda alguna,
perderse por el entramado laberíntico medieval de Fez el Bali es una
experiencia indescriptible. Nos comentan que hay más de 9000 callejuelas y al
principio cuesta un poco orientarse. Las dos calles principales son Talaa
Kebira y Tala
Seghira y el
primer día no nos atrevimos a alejarnos demasiado de estos puntos de
referencia. Una vez empiezas a coger confianza es interesante perderse, dejarse
llevar por el instinto y por el olfato e ir descubriendo los diferentes
rincones que te transportan a siglos pasados. Los distintos gremios
profesionales se distribuyen en barrios según la especialidad y te vas
encontrando los alfareros, forjadores, sastres…
Las calles son muy
estrechas y los edificios son altos, con lo que dejan pasar poca luz que le da
un aire más misterioso. Tuvimos la oportunidad de subir a las terrazas de
algunos edificios desde donde se contemplan bonitas vistas de la medina y los
minaretes de las múltiples mezquitas compiten en número con infinidad de
antenas parabólicas.
El transporte de las
mercancías se realiza con burros y los gritos de ¡barak!, ¡barak! de los dueños de los animales van
avisando a su paso.
Gallinas, alfombras,
espejos, joyas, babuchas, chilabas, hierbas medicinales, especias, libros,
pirámides de frutos secos, puestos de frutas y verduras, dulces con miel,
gatos, muchos gatos y pocos perros. Nos cuentan que si una persona toca un
perro se debe lavar siete veces, pues está demostrado “científicamente” que
hasta la séptima vez no se eliminan todas las bacterias.
Por unos pocos
dirhams, los particulares llevan el pan hecho en casa a cocer al horno. El olor
de pan recién hecho se mezcla con el olor a cardamomo, a incienso, a pieles
curtidas.
Dejo de escribir unos
momentos y cierro los ojos. Intento recordar todas y cada una de las
sensaciones, de las imágenes, de los olores, el sabor de un delicioso te a la
menta…
Fez se muestra como
una ciudad para probar, tocar y oler. No es difícil encontrar el barrio de los
curtidores y tintoreros. Una vez en la plaza Seffarine, hay que dejarse
llevar por el fétido olor hasta llegar a una de las zonas más famosas y
visitadas de la ciudad. El excremento de paloma, rico en amoníaco, se usa para
curtir la piel y ese es el motivo del insoportable olor. Desde una de las
terrazas de las múltiples tiendas de artículos de piel se pueden observar las
célebres curtidurías donde se lleva a cabo todo el proceso de transformar las
pieles de vaca, cabra, oveja y algunas de dromedario en productos de
marroquinería, especialmente las conocidas babuchas. La tenería
de Al-Chauara es
la más importante de la ciudad y alrededor de un patio se disponen numerosas
fosas de ladrillo donde unos cientos de trabajadores se introducen para
remojar, lavar, frotar y teñir las pieles tal como se ha venido haciendo desde
hace siglos.
También destacan las
bonitas fuentes de azulejos que se van encontrando por toda la medina,
especialmente la de la plaza Nejjarine, una auténtica
maravilla. Algunas de ellas están medio abandonadas y necesitan una rápida
restauración, pero ¡hay tantas cosas por hacer! La madrasa de Bou
Inania ha estado
recientemente restaurada y luce espléndida con sus estucos y su madera tallada
de cedro pero otras madrasas (escuela, colegio o lugar de estudio) se
encuentran muy deterioradas y se hallan en la lista ”negra” de la UNESCO de los
100 edificios que necesitan una urgente restauración.
Entre estos edificios
también se encuentran algunas funduks, lugares de descanso de los
mercaderes cuando Fez era una de las más importantes paradas de las rutas de caravanas
entre el Norte de África y el resto del mundo. Para hacerse una idea de cómo
eran estos antiguos hostales aconsejo visitar el de la plaza Nejjarine,
actualmente convertido en el museo de la madera. En la planta baja tenían lugar
las transacciones comerciales y en las plantas superiores se encontraban las
habitaciones para el reposo de los mercaderes. Escondidos en la medina se
encuentran varios funduks pero algunos de ellos en un estado de deterioro
importante.
Mejor suerte han
tenido los riad y los dar.
Son los tradicionales palacios marroquíes y, según nos cuentan, el riad se
diferencia de un dar porqué tiene un jardín interior, mientras que el dar sólo
tiene un patio con una fuente central. La mayoría de ellos están en manos de
europeos, principalmente franceses, que los han convertido en alojamientos
encantadores o en restaurantes y ofrecen al visitante la oportunidad de
trasladarse a la época de las mil y una noches. Son casas que sorprenden y
nadie podría imaginarse que detrás de una humilde fachada te puedes encontrar
una maravilla de tales características.
No me cansaría de
comentar diferentes rincones, plazas, terrazas. Sentarse en un café y
observar…. Es un auténtico lujo pensar que tan sólo a dos horas de avión se nos
abre un panorama de tales dimensiones, todo un privilegio que podemos
aprovechar.