domingo, 17 de abril de 2011

Las comarcas de interior. Una vuelta por Alicante (Parte III)

Es cierto que la mayoría de gente que viaja a Alicante lo hace para disfrutar de sus largas playas y de su clima cálido y soleado, pero no hay que olvidar que existen unas comarcas de interior que bien merecen una visita.
Salimos de Calpe en dirección a Altea para seguir hacia el pequeño municipio de El Castell de Guadalest.
Pocos kilómetros antes de llegar a Callosa d’en Sarrià se empiezan a ver muchas plantaciones de nísperos, además de mandarinas y limones. Los nísperos de Callosa d’en Sarrià tienen denominación de origen protegida y se cultivan en invernaderos que cubren toda la vertiente de la montaña. Su zona de producción comprende además, otras localidades que pertenecen a la Comarca de la Marina Baixa, abarcando todo el Valle del río Guadalest, hasta la costa.
La carretera CV-755 es estrecha y con curvas pero son pocos los kilómetros que tenemos que recorrer hasta El Castell de Guadalest. De lejos, ya se divisa el pueblo de postal en lo alto de un peñasco, donde algunos de los edificios parecen confundirse con la misma roca.





El casco antiguo está cerrado a la circulación de vehículos que deben aparcarse en un recinto situado a las afueras. El pueblo es muy turístico y desde 1974 está declarado Conjunto Histórico-Artístico. Su proximidad a grandes centros vacacionales hace que reciba al año más de dos millones de visitantes, una cifra que supera en mucho a los habitantes censados que suman tan sólo unos 170 vecinos.
Se accede al núcleo antiguo a través de un túnel excavado en la misma montaña.



Lo primero que se encuentra es la Casa Orduña, hoy convertida en museo y que visitaríamos más tarde. Justo al lado, la diminuta iglesia parroquial dedicada a Nuestra Señora de la Asunción.
El núcleo en sí es muy pequeño y una calle principal con tiendas de artesanía y productos típicos de la zona, conduce a la plaza del ayuntamiento, un discreto edificio acorde con las dimensiones del municipio que alberga en los bajos lo que fue una prisión en el siglo XII.





Desde el mirador se contempla una bonita panorámica: Las azules aguas del embalse de Guadalest que recoge las aguas del río del mismo nombre, rodeado por las Sierras de Aitana, Serrella y Xortá.




Visitamos el museo etnográfico, una típica casa del siglo XVIII donde se muestran las estancias  y el mobiliario típico de la época, así como el proceso de obtención del aceite, vino o harina a partir de sus respectivas materias primas. Me encanta ese tipo de museo y su labor de conservación de los utensilios que se utilizaban para las distintas tareas del campo y del hogar.



Otro de los museos que merece la pena visitar es la noble Casa Orduña, edificada por la familia del mismo nombre que llegó a Guadalest como gente de confianza de los Cardona, almirantes de Aragón. Los miembros de esta familia tuvieron gran influencia económica y social y gozaron de una sólida formación cultural. Las estancias de la casa se corresponden con los momentos de máximo esplendor de los Orduña y se adapta a los gustos de la burguesía de la época.




Desde la planta baja de la casa se puede acceder a las ruinas del Castillo de San José desde donde se obtienen unas magníficas vistas sobre el pueblo y de todo el valle.






La torre del Castillo de la Alcozaiba es también lo único que queda de la segunda fortaleza que, junto con el Castillo de San José, conformaban la estructura de fortificaciones de Guadalest.
Estas tierras pertenecieron a Sharq Al-Andalus, al este de la Hispania musulmana. Tras la desaparición del califato a principios del siglo XI, la Hispania musulmana se enfrenta a una fragmentación en pequeños reinos independientes. La zona de Alicante se convirtió en la encrucijada de la reconquista, ya que se encontraba entre dos reinos, vecinos y rivales, los de Valencia y Murcia, igualmente interesados en la incorporación de las tierras alicantinas a las respectivas Coronas de Aragón y Castilla. Fueron conquistadas por el rey Jaume I para la corona catalano – aragonesa hacia el 1245, constituyendo durante algún tiempo la frontera meridional del recién creado Reino de Valencia.



El Castell de Guadalest tuvo un papel muy importante gracias a su estratégica situación. De los restos que han llegado hasta hoy, destaca la Torre del Homenaje. Poca cosa más se puede ver ya que un fuerte terremoto en 1644 destruyó una gran parte y en 1708, durante la Guerra de Sucesión, la explosión de una mina destruyó el ala Oeste. En 1848, se derribaron las murallas.
Dejamos Guadalest y nos dirigimos a Alcoy por la CV-70. Tardamos algo más de una hora para recorrer los 36 kilómetros que separan ambas localidades, pero el paisaje merece la pena. Alcoy es conocida como la ciudad de los puentes y es evidente el por qué. La atraviesan tres ríos y varios barrancos obligaron a la construcción de estos puentes como mejor solución.




Entre algunos de los puentes más importantes de Alcoy se destacan: el Puente de las Siete Lunas, el Puente de la Pechina, el Puente de San Jorge, el Puente de María Cristina y el Puente de Fernando Reig.
Alcoy es una ciudad que ha sabido conservar sus fiestas y tradiciones, siendo una de las más importantes la de Moros y Cristianos. Son muchas las ciudades y pueblos de Alicante que rememoran las batallas entre ambos bandos, pero en Alcoy la fiesta tiene un calibre especial.
Tienen su origen en la Batalla de Alcoy producida en 1276 a las puertas de la ciudad y que tradicionalmente se supone que enfrentó a los habitantes de Alcoy con las tropas del Caudillo musulmán Alazraq. Cuenta la leyenda que en el momento clave de la batalla apareció la figura de San Jorge a lomos de un caballo sobre las murallas de la ciudad y que su figura decidió el resultado de la Batalla. Precisamente por ello, San Jorge se convirtió en el patrón de la ciudad y las fiesta se celebra cada 23 de abril.
Otra de las celebraciones de interés es la Cabalgata de los Reyes Magos que se remonta a 1885, convirtiéndola en la más antigua de España. En Alcoy, las fiestas navideñas se anuncian desde hace más de un siglo con el montaje del Belen del Tirisiti, un original teatro de marionetas que se representa en el Teatre Principal y mezcla elementos como el nacimiento de Jesús o la llegada de los Reyes Magos, con aspectos y costumbres populares.



Con los consejos y el plano que conseguimos en la oficina de turismo vamos recorriendo las calles y plazas céntricas de la ciudad buscando los edificios civiles y religiosos de más interés. En la calle se escucha el valencià como lengua predominante y esto me gusta. No pasa lo mismo en las localidades más turísticas donde se hace difícil encontrar a alguien que hable la lengua de esta tierra.
En la céntrica Plaça d’Espanya se encuentra la Casa Consistorial, actual sede del Ayuntamiento y la parte posterior de la Iglesia de Santa María, de la que destaca su estilizado campanario y su cúpula de azulejos. Debido a los ensanches de la población ha quedado de espaldas al actual centro de Alcoy dando su fachada principal al Alcoy antiguo, en la Placeta del foso.



La Plaça de Dins es una coqueta plaza porticada (S.XIX) adaptada sobre el claustro neoclásico de la antigua iglesia de San Agustín. Aquí se encuentra la entrada al Teatre Principal y varios locales que hacen de la plaza un lugar de encuentro. Este año han montado en el centro de la plaza el Belén itinerante de Bancaja que le resta gran parte de su encanto.







El nucleo antiguo de Alcoy es heredero del urbanismo desarrollado en la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. Como ciudad pionera de la revolución industrial española, las industrias textiles, los barrios obreros y las casas de la burguesía convivieron en un espacio reducidos entre valles y ríos. El modernismo dejó un huella importante en Alcoy, siendo la Casa del Pavo una de las más representativas de aquella clase social bienestante del Alcoy de principios del siglo XX. Su nombre proviene del pavo que remata el dintel de la puerta. Como elementos característicos del modernismo, destaca también el trabajo en forja de sus miradores y balcones.



Paseamos sin rumbo fijo por el casco antiguo de la ciudad donde, como en todas partes, conviven lo mejor de su historia con el abandono y decadencia.  






Nos despedimos de la ciudad de la que han salido grandes artistas, como Ovidi Montllor, Camilo Sesto o Francisco. Lo que dudo es que hayan salido de Alcoy muy buenos futbolistas, al menos por la expresión tan conocida de “tener más moral que el alcoyano”. Se dice que su equipo de fútbol, no se conoce bien en qué momento de su historia, iba perdiendo por un resultado de 13-0 y le pidieron al árbitro una prórroga para conseguir el empate.  



Ah! y no hay que olvidar que Alcoy también ha dado al mundo la oliva rellena de anchoa, que nació en los años 20 cuando se industrializó el proceso de deshuesado, rellenado y envasado. El promotor de este negocio fue el industrial textil Cándido Miró Rabassa, fundador de Aceitunas El Serpis. En los años 40 nació la otra gran marca, La Española. Tanto El Serpis como La Española, tienen respectivos museos que te acercan a la historia y orígenes de esta sabrosa industria.  

martes, 12 de abril de 2011

Elche. Una vuelta por Alicante (Parte II)

Uno de los lugares que más nos apetecía visitar en Alicante era la ciudad de Elche y su palmeral, declarado Patrimonio de la UNESCO en el año 2000 reconociendo su valor como ejemplo de transferencia de un paisaje característico de la cultura de un continente a otro, en este caso del Norte de África a Europa.
Esta no es, sin embargo, la única distinción que la UNESCO ha concedido a la ciudad alicantina, y un año más tarde, el drama sacro lírico El misteri d’Elx fue también reconocido Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad como ejemplo de teatro religioso medieval, el cual se representa cada mes de agosto sin interrupción desde el siglo XV.




Entre los siglos VIII y IX, Elche fue una ciudad fortificada de Al-Andalus hasta su reconquista en 1265. Los orígenes de la ciudad, que se remontan al Neolítico hasta su época visigoda, se encuentran en La Alcudia, a dos kilómetros del actual núcleo urbano, cuando se conocía como Heliké. De esta época es la ilicitana más famosa que ha dado la ciudad: la Dama de Elche. En el año 209 a.C. la ciudad ibérica se romaniza y en el siglo I a.C. adquiere el título de Colonia Iulia Ilice Augusta. Un buen currículum para una ciudad que no llega al cuarto de millón de habitantes.
En la Oficina de turismo nos facilitan muy buena información de las dos rutas más interesantes: la Ruta monumental y la Ruta del palmeral.
Solapamos ambas rutas y vamos intercalando la visita del Elche más monumental con la tranquilidad de los palmerales. Empezamos por el Parque Municipal ya que es aquí donde se halla la Oficina de Turismo. Es un magnífico espacio con una extensión de 6 hectáreas a disposición de ilicitanos y de foráneos, quizás el lugar más emblemático del Palmeral de Elche.





Está formado por diferentes horts o huertos: Hort de la Mare de Déu, Hort del xocolater, Hort de baix, Hort del real ... Hay que tener en cuenta que el palmeral no es un bosque natural, sino un paisaje diseñado con una finalidad productiva el cual no se puede entender sin considerar su complejo sistema de riego.
Los árabes aportaron sistemas de cultivo innovadores y desarrollaron el cultivo de la palmera, aplicando técnicas de la cultura de los oasis del Norte de África y Oriente Medio.  
En el Centro de Visitantes podemos ver una interesante proyección audiovisual que nos muestra una completa introducción de la ciudad, basada esencialmente en sus orígenes, la historia y el cultivo de la palmera, en la fiesta religiosa del misteri, en los restos arqueológicos de la Alcudia, en su gastronomía y en el Patrimonio de la UNESCO.
El Parque Municipal dispone también de un bonito palomar y un templete de música, un restaurante, zonas infantiles ... un buen lugar para pasear o sentarse a la sombra de una palmera.
Nos dirigimos hasta la Basílica de Santa María (S. XVII – XVIII) situada en el emplazamiento de una antigua mezquita, lugar donde se representa el Misteri d’Elx.









Sin embargo, nuestro principal interés es subir a la torre para ver la panorámica de los palmerales que rodean la ciudad, un mar verde de más de 200.000 ejemplares (300.000 según algunas fuentes).





Muy cerca de la Basílica se encuentran los Baños Árabes que datan del siglo XII. Se conoce que existían otros baños pero sólo éstos han llegado hasta nuestros días. Están ubicados en el Convento de la Mercè (S. XIV) ya que a partir de 1270 después de que la ciudad fuera reconquistada, su fisonomía islámica fue cambiando. Hacemos solos la visita con una voz que nos acompaña y nos va explicando el funcionamiento de los baños árabes y la función de las distintas salas mientras se va iluminando cada una de las zonas. Algunos restos de frescos en las paredes corresponden a la época del convento.






Caminamos hasta el Hort de Sant Plàcid. Elche es una ciudad ideal para recorrerla a pie y se agradece poder olvidarse del coche durante unas horas. En el Hort de Sant Plàcid visitamos el pequeño Museo del Palmeral. Se encuentra en una casa del siglo XIX compuesta de dos cuerpos unidos por un puente de madera.
Unos audiovisuales explican al visitante la historia, la cultura de los huertos y de la palmera, las técnicas de cultivo y el sistema de riego. Aquí aprendemos que el palmeral no es una agrupación casual de palmeras, ni un bosque, ni un jardín, sino un oasis integrado en el entorno, un paisaje de regadío creado por el hombre con la finalidad de transformar una tierra árida en un lugar donde desarrollar la agricultura
Los historiadores consideran que los fenicios y cartagineses fueron los introductores de los dátiles en la zona y, aunque ya existía la palmera en el paisaje de los romanos, está reconocido que fueron los árabes quienes la cultivaron.
También aprendemos que la palmera no es un árbol, sino una planta prehistórica. No produce madera porqué no tiene tronco, sino un entramado de fibras vegetales que le dan una dureza y flexibilidad excepcionales. Hay palmeras machos y hembras y del tipo de reproducción – sexual o asexual – depende la homogeneidad de la cosecha de dátiles.
El hortelano vivía durante el año en su casa del huerto, conocida como “faeneta” y se dedicaba al cuidado de la palmera y sus productos asociados, siguiendo las técnicas de cultivo heredadas  de la cultura del Al-Ándalus. Los huertos están rodeados de palmeras datileras dispuestas alrededor de las acequias. Algunas se destinan al cultivo del dátil y otras a la obtención de la palma blanca que se consigue cubriendo las hojas de palma de tal manera que no les dé la luz. Con su falso tronco se fabrican vigas y utensilios y como es bien conocido, la palma blanca se usa para actos litúrgicos en todo el mundo. El domingo de ramos se celebra en Elche una procesión de interés artístico nacional donde lucen infinidad de palmas y palmones. Las monjas del convento de la Mercè queman todas las palmas de la procesión del año anterior y la ceniza de las mismas se utiliza para los actos religiosos del miércoles de ceniza. Algunas palmas son indiscutiblemente auténticas obras de arte, como el ejemplo que se puede ver en el museo. Adjunto al museo, se encuentra el Taller Municipal de Palma Blanca creado en 1998 y que muestra la profesión mantenida por unas pocas familias. 



Justo enfrente se encuentra otro de los huertos, quizás el más conocido de Elche. Se trata del Huerto del Cura que es una propiedad privada y se puede visitar previo pago de 5€ por persona.  A pesar de ser relativamente pequeño (13.000 m2 y “sólo” unas 1000 palmeras) se trata de un magnífico jardín botánico. El nombre se lo debe al cura José Castaño Sánchez que fue el propietario hasta 1918.











También expone una buena colección de cactus, caña japonesa, cítricos y otros tipos de palmera. La popularidad del Huerto del Cura es debida a la palmera imperial que allí se encuentra. El nombre se puso en honor a la emperatriz Sissi cuando ésta visitó el jardín en 1894.





Esta singular palmera es única ya que se trata de un caso extraño de ocho brazos que nacieron a una altura nada común de 2 metros sobre el suelo, con una singular sincronización de tiempo y altura que formaron este candelabro de más de 8 toneladas. También hay un lago con ejemplares de coloridos patos y pavos reales paseando por los jardines. La casa es del 1940 y es un ejemplo de la arquitectura de la zona. Tanto las columnas que aguantan el porche como las vigas están hechas de falso tronco de palmera.






De este punto parte la Ruta del Palmeral, un itinerario señalizado de unos 2 kilómetros y medio que recorre algunos de los huertos más importantes.
Regresamos al centro que a esta hora se encuentra en plena efervescencia por haber empezado ya las rebajas de invierno.






Comemos en un restaurante situado delante de la Basílica de Santa María y del Alcázar de la Señoría, por donde pasaron personajes tan ilustres como los Reyes Católicos, Jaime I de Aragón o Pere IV. Actualmente se encuentra el Museo Arqueológico y de Historia de Elche, el MAHE.




Después de comer nos acercamos hasta la Plaza del Ayuntamiento para ver el edificio y también la Torre de Calendura, un reloj de autómatas construido por Alonso Gayrán en 1572. El mecanismo consta de dos figuras bautizadas en 1759 como Miguel Calendura, de mayor tamaño y que hace sonar las horas y Vicentet Calendureta, más pequeño que anuncia los cuartos.






Aquí se acaba nuestra visita a Elche y nos quedamos con las ganas de visitar las ruinas de la Alcudia, inicial morada de la dama íbera que abandonó la ciudad que lleva su nombre. Actualmente se encuentra en Madrid, en el Museo Arqueológico Nacional.